INGRESO DE USUARIOS

Inciar sesión
 

El ciclismo en los Juegos Olìmpicos

Tour de France 2012

Giro d'Italia 2012

Fotos en Pedalea.cl

Encuesta

¿ QUE TE PARECIO LA ACTUACION DEL CICLIMO CHILENO EN LONDRES 2012 ?
 

Ciclistas por la Patagonia

Contáctanos...

 

Ciclotour Volcanes de la Araucanía 2008 (2ª Parte) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Nacho Barrera   
Jueves, 31 de Julio de 2008 21:00

 Por Juan Carlos Torres Améstica y Otto Lührs Middleton, Miembros Movimiento Furiosos Ciclistas Valparaíso.

Día 5: “Atrapa-Atrapa Norte – Choza en Atrapa-Atrapa Sur”
Listos para partir y analizadas las 2 alternativas, decidimos que el camino de fuerte pendiente a la derecha era el que nos sacaría del Paso Trapa Trapa, pues desde ese punto el que continuaba por el fondo del valle parecía debilitarse.La batalla fue larga, pues la pendiente imposibilitaba el pedaleo y las piedras, barro y zanjas impedían un ritmo parejo de caminata…

Esta fue la primera de varias ocasiones en este viaje, en que la dificultad de la ruta llegó a tal punto, que ya no es la fortaleza física o la técnica, si no por sobre todo, la concentración, perseverancia y paciencia las cualidades que te permiten sacar la tarea. Este tramo también fue matizado por la duda, ¿habíamos optado correctamente?, duda acentuada una vez que al elevarnos, descubrimos que la ruta que desechamos por parecernos débil desde el campamento, se veía clara y expedita en buena dirección. Pero bueno, ya habíamos invertido tres horas y superado casi de 400 mts. de desnivel. 

Al llegar al portezuelo, se nos abrió un panorama magnífico, en el que aparecía nuestro próximo desafío, el Volcán Callaqui. Presumíamos que lo duro del día había finalizado y que sólo nos quedaba un entretenido, fácil y rápido descenso hasta el camino que debía llevarnos hasta Ralco, pero nada… completamos 1 hora más de descenso caminando debido a la cantidad de rocas en el camino, hasta que entramos al nivel del bosque. Entonces el terreno se hizo más compacto y menos pedregoso y pudimos montar las cletas, hasta que llegamos a una explanada con corral y choza, que por lógica, debía marcar el inicio de un camino vehicular más transitable, todo bien, al parecer completábamos en un día el cruce Trapa Trapa, pero... 

 Nada, buscamos y buscamos y no hallamos camino de salida, sólo un par de senderos muy estrechos. El del Sur, llevaba a una pequeña y abrupta quebrada con río al fondo. Caminamos por el otro sendero para realizar un reconocimiento, bien marcado, se perdía de tanto en tanto en algunos claros. A los 30’ de esta ruta de subes y bajas paramos en lo alto de una explanada, al otro lado de la cual, Juan Carlos con su vista biónica, divisó las siluetas de unos jinetes. Corrimos y gritamos hasta conseguir que nos vieran y esperaran. Se presentaron como mapuches, chilenos, conocedores del Evangelio de Cristo y que por eso estaba dispuesto a ayudar, aunque fuéramos “huincas” y no “peñis” como ellos. Habló mucho tiempo, de su gente, vida, cultura, alegrías y pesares, sus preocupaciones y conflictos con los huincas que llegan con papeles de propiedad bajo el brazo, papeles que no comprende ni reconoce.

Nos contó que la ruta para salir era la que desde la choza cruza la quebrada. Así que nos despedimos muy agradecidos de él y sus hijos y regresamos a las cletas. Al llegar, Juan Carlos se sintió con ganas y energía para ir a explorar la huella indicada por el mapuche. Después, un rato de contemplación de las estrellas y zzzzzz.

Día 6: “Choza en Atrapa Atrapa Sur – Caiñicú”
A pesar de que la ruta nos obligaba a caminar junto a las cletas aguantándolas, pudimos avanzar con cierta regularidad. Pasamos por una laguna de ensueño, rodeada de coironales y con mucha avifauna, lo que marcó una pausa precisa durante el día, luego de la cual, vino la sección más rápida. A mí me pasa algo bien personal, en cuánto a mis preferencias de ruta: disfruto especialmente los senderos como los de este tramo, de bajada entre bosques nativos sureños, y si es cargado, tanto mejor. Claro que al final, el suelo se fue secando hasta aparecer el molesto trumao, gruesa capa de polvo presente en algunos caminos cordilleranos. Después de una casa, debimos sortear unos 60 mts. muy complicados, pues la huella pasaba un acarreo arenoso tan estrecho que no permitía el caminar junto a la cleta, pero con equilibrio y concentración, pudimos cruzarlo. 

Llegamos a un letrero en el camino que junto al río Queuco nos llevaría a Ralco, que señalaba algunos kms. más arriba el sector de Trapa Trapa, y confirmamos nuestras sospechas de haber tomado una ruta equivocada, paralela a la correcta. Pero dado lo entretenido aunque largo y extenuante del camino tomado, quisimos tomarlo con humor y bautizar nuestra ruta como “Atrapa Atrapa”, dado lo que nos costó salir. Al reinicio del pedaleo, se detuvo un camión para ofrecer llevarnos. Quienes hayan leído el libro “La Vuelta a Chile en Bicicleta”, recordarán que en varias ocasiones la pareja de franceses que protagonizó ese titánico ciclotour en los 80’, se enfrentaron a la sorpresa e incomprensión al rechazar este tipo de ofrecimientos.

Bueno, pues esta vez fue el turno nuestro de darnos el gusto de causar ese desconcierto al responsable de tan gentil ofrecimiento: “es que estamos haciendo un viaje en el que queremos desplazarnos sólo pedaleando o caminando”, explicamos. No tiene sentido pretender que un habitante del lugar viéndonos desde la cabina de su camión comprendiera nuestras motivaciones, así que lo dejamos así, continuamos el pedaleo y nos tomamos un descanso en la llegada a Caiñicú.

Día 7: “Caiñicú –base del Callaqui”
El consultorio desde temprano tuvo visita, y dado que la puerta de nuestra “habitación” estaba junto a la atención de público, nuestra levantada y carga de las cletas estuvo a la exposición de todos los curiosos. Algunos algo de conversa hacían, pero por lo general se paraban en la puerta a observar. Nos despedimos de Francisco, el enfermero que nos acogió acá y salimos, en plato chico y corona grande, pues iniciamos el día de subida. Nos restaban 28 kms hasta Ralco, de constante montaña rusa, jamás plano, por lo que fue imposible adoptar un ritmo parejo de pedaleo.

De subida se adelanta Juan Carlos, de bajada lo alcanzo, pues curiosamente él, de los dos el más joven e inexperto, demuestra más sabiduría y prudencia en la regulación de la velocidad de las bajadas y cuidado de parrillas y alforjas, pero es que de verdad la velocidad me fascina. Por ripio suelto y polvoriento, tomamos algo más de tres hrs en este tramo. Cada vez que una cuesta prometía ser la última, nada, siempre venía otra. Por eso fue sorpresivo cuando repentinamente una fuerte bajada nos llevó tras una curva a la plaza de Ralco, específicamente, sin darnos cuenta y bastando el vuelito, llegamos hasta una schopería, ¿qué cosas no? Fue una gran forma de finalizar la 1ª semana de viaje. 

 Luego de abastecernos y comunicarnos vía fono con el resto del mundo, seguimos rumbo al Volcán Callaqui, bajamos por 3 kms de buen asfalto y luego remontamos el río Pangue, 6 kms de leve subida hasta un camping muy rústico, $1000 cada uno. En realidad, don José, el dueño, alguna vez quiso tener un camping a todo trapo, pero se aburrió del comportamiento sucio de la gente; incluso le rompieron las cañerías de PVC de los baños. Así que ahora lo tenía sólo para recibir a familiares o amigos. Allí hubo un clásico guitarreo de fogata con Sol y Lluvia, Silvio Rodríguez o Víctor Manuel. Con excelentes resultados, dado que el padre de familia era profesor de música inquieto por cultivar estas artes.

Día 8: “base del Callaqui – límite de la vegetación”
Don José nos dio buenos datos para subir el Callaqui, así que nos fue fácil siguiendo sus indicaciones encontrar pocos kms más arriba una pasarela para cruzar el río Pangue. Ahí mismo preparamos las mochilas para la ascensión y escondimos las cletas. Subimos preparados para lo que quedaba de este día y el siguiente, aunque sin carpa, sólo saco y aislante. Encontramos una cómoda y zigzagueante huella bien ancha, seguramente usada para el traslado de ganado entre las veranadas e invernadas pehuenches, o quizás de extracción maderera.

Nos sorprendió un guindo que nos tuvo un buen rato cosechando su sabroso fruto. La meta para este día era llegar al límite de la vegetación, lo que parecíamos lograr cuando se ennegreció el cielo y empezó una gruesa y ruidosa tormenta. Rápidamente buscamos una pared de roca contra la cual armamos un refugio, precario pero suficiente. Nos quedaban aún unas dos horas para avanzar, pero dado la inestabilidad del clima, optamos por permanecer ahí.

Día 9: “límite de la vegetación – base del Callaqui”
A las 6.00 iniciamos la levantada, guardamos lo prescindible en el refugio y salimos con lo justo y necesario a buscar la cumbre. A las 8.00 ya habíamos abandonado la vegetación e iniciamos el ataque final. Las amenazas de lluvia se habían alejado, pero gradualmente el viento fue tomando protagonismo hasta convertirse en el factor que marcó esta ascensión.

Era lo suficientemente fuerte como para botarnos si nos sorprendía desequilibrados,  y persistente, obligando a horas de concentrada marcha, sobretodo una vez que llegamos a un escorial de rocas livianas y grandes y pendiente cercana a los 40º. Esto frecuentemente nos demandó el desplazarnos con ayuda de las manos entre las negras rocas, lo que sumado al olor a azufre que a dos horas de la cumbre ya empezó a sofocarnos, hacía que nos sintiéramos como Gollum en Mordor. 

Día 10: “base del Callaqui – base del Callaqui”
Nos levantamos con relajo y partí de vuelta a Ralco, pues nos urgía un PC con internet, lo que en la visita anterior no encontramos. Encontré internet no sin dificultad, en una oficina de una ONG evangélica que contaba con un voluntario ChilePaís en turismo, Rodrigo. Tenía buenas cartas IGM 1:50.000, en las que confirmé lo confusa de la ruta al Copahue desde el lado norte del Callaqui.

 No antes de las 15.00 pude terminar, pues la bajada de fotos de la cámara y el posteo de algunas líneas en el blog fue lentísimo, pero me dio tiempo par una buena conversa con Rodrigo, sobre la realidad indígena y el difícil y poco exitoso proceso de integración cultural. Me habló de 2 líneas de cooperación, el asistencialismo y la autogestión y que en ambos casos se generan particulares conflictos.

El asistencialismo, termina siendo un regalar cosas materiales (útiles escolares, calzado, planchas de zinc para techos, comida) con la finalidad real de conseguir votos para las elecciones. Esta “ayuda”, termina aumentando los vicios asociados al exceso de tiempo libre, particularmente el alcoholismo. Y el fomento de la autogestión, que pareciera la línea correcta, también fracasa pues el cooperativismo entre estas comunidades es muy limitado; si incluso Caiñicú, el pueblo que conocimos y que no tiene más de 300 hab., está dividido en clanes familiares con fuertes disputas. 

Considerando la hora, optamos por no movernos e invertir el tiempo restante en una mantención profunda a las cletas.

Día 11: “Base del Callaqui – Chenqueco”
Rumbo a Chenqueco, el asfalto nos acompañó bien poco, pues pasada la central Pangue, ya volvimos al ripio. Completamos 59.9 kms de camino nunca plano; al final de una bajada, pasé muy rápido por un puente de concreto, el cual tenía un fatal desnivel respecto al ripio de unos 3 cms. que bastó para que mi rueda trasera se elevara con un golpe que dañó gravemente la llanta. Quedó para la historia. Parecía que el viaje llegaba a su fin, al menos para la llanta si es que lograba volver a Ralco y cambiarla. Pero con paciencia y algo de “espíritu Mac Giver”, logré repararla bien a la chilena, con piedrazos dados con precisión hasta dejarla operativa, aunque tuve que aflojar mucho el freno trasero. Creo que en esa pausa se nos acercó un zorro a curiosear.

En el camino pasamos por fuera del Camping de las hermanas Quintreman. Me dio algo de pena, el constatar que estas valientes mujeres que fueron un gran ícono de la lucha contra Endesa por la construcción de las hidroeléctricas Panque y Ralco, habían finalizado ahogadas en las garras del capitalismo, administrando un camping en las tierras que Endesa les había entregado. Si incluso ellas aparecen como atractivo en algunos folletos turísticos de la municipalidad de Ralco (“... vaya al camping de las hermanas Quintreman y conozca de su testimonio...”). Lamentable. 

A propósito, el lago Ralco entrega un aspecto desolador, dado que la sequía lo tiene con al menos 40 mts bajo su nivel. Conocí en el ciclotour del año pasado el nacimiento del río Bío Bío, en la laguna Galletué; y ahora tuve la oportunidad de conocer su muerte.

Día 12: “Chenqueco – Laguna El Barco”
Despertamos muy descansados. Y nos fuimos a conversar con una de las hermanas Quintreman. Al saber que éramos de Valparaíso y preguntarnos que cómo estaba esta ciudad, le hablamos del reciente gran incendio en el cerro La Cruz. La mención de ese hecho, gatilló un explosivo desahogo de su parte que nos dejó impactados, pues conectó con los incendios frecuentes que arrasaban la zona como consecuencia del cambio de bosque nativo por pinares y el drama con los empresarios, y el abuso de poder de los grandes poderes económicos.

Paulatinamente, se fue emocionando y enrojeciendo con lágrimas sus pequeños ojos casi escondidos entre las profundas arrugas de su rostro. Luego, al saber que nos dirigíamos a subir el volcán Copahue, se molestó con nosotros, y comenzó a mezclar español con chedungún, por lo que poco le entendimos, pero bastó para darnos cuenta que consideraba nuestro cometido como una profanación a algo sagrado de su cultura. Tratamos de que nos escuchara, que supiera que le respetábamos y admirábamos y que nuestro viaje lo hacíamos en armonía con su tierra y la madre naturaleza; pero no hubo caso, la conversación se transformó en un monólogo que nos mantuvo en estupefacto silencio mientras ella, sin dejar de reclamarnos, se empezó a acercar a la puerta hasta salir.

Quedé con una amarga sensación, pues quería entenderme con ella, aprender de su cosmovisión de la vida, pero no pude atinar a nada. Al menos me consoló el descubrir que si bien Endesa había logrado sacarla de su tierra, no había domado su espíritu.

Nos dijeron que para llegar a la Laguna El Barco desde Chenqueco, había que tomar la cuesta llamada “la Z”. Bastó levantar un poco la mirada hacia el cerro para entender el por qué esta denominación, si casi parecía trazada por El Zorro. Montados al final de la cuesta, avanzamos por ondulantes y suaves pendientes a través de hermosos parajes de campo cordillerano, hasta una bifurcación señalada confusamente.

Sabíamos que las dos alternativas nos llevaban a nuestro destino, una fácil y corta (7 kms), la otra difícil y más larga (11 kms). Pero la gráfica del letrero no permitía con seguridad definir cuál era cuál, y optamos por la derecha, que obviamente era la opción equivocada. Luego hicimos ingreso a la Laguna El Barco, que está administrada por una comunidad Pehuenche. Aplaudo este tipo de iniciativas, pues tienen dos consecuencias recíprocas: trabajo para las comunidades y protección ambiental. Pero un poco de amabilidad y cortesía en la atención, no estaría demás.

La entrada cuesta $1500 por persona, nada de caro considerando las buenas instalaciones del camping y el hecho de estar enclavado en una playa lacustre fuera de serie. Pero luego te cobran extra hasta por cargar pilas. Ojalá esta iniciativa mejore y sea replicada. Nadamos un poco antes de la cena y a dormir.

Día 13: “Laguna El Barco – a medio camino de la cumbre del Copahue”
Durante el desayuno fuimos visitados por un “vecino”, Ricardo, quien se interesó mucho por nuestro viaje e intercambiamos datos de lugares en Chile para visitar. Entre la conversa, nos fue trayendo unos espectaculares sándwiches de jamón, palta y tomate y algunas naranjas. Se pasó de simpático, era un fanático de las vacaciones familiares todo terreno, afición en la cual su familia (hijos, cuñados, nietos, etc.) le acompañaba feliz. Otro Chile tendríamos si más familias tuvieran esta linda costumbre para sus vacaciones. Luego bajamos a un valle que de tanto en tanto nos obligó a parar y desear quedarnos ahí eternamente.

 Era pequeño y decorado por cascadas y bosque nativo, con araucarias recortándose en el horizonte. Cerca de las 14.00 hrs. llegamos al final. A la izquierda un cordón casi vertical tras el cuál estaba la laguna El Barco, a la derecha, otra pared de cerro por la cual debíamos ascender para llegar al Copahue y delante, en el límite de un cerrado bosque, una típica y sencilla casa de veranada, con algunos corrales y unos pocos animales.

Nos recibió Héctor, un niño de 12 años que en ese momento oficiaba de jefe de hogar, al cuidado de la casa y de sus hermanas de 10, 6 y 5 años, dado que sus padres habían bajado hace unos días al pueblo, no sabía cuando regresarían. Para nosotros, una situación impresionante, quizás con un matiz de irresponsabilidad paterna. Para ellos, normal y sin complicaciones. Mundos y por lo mismo, visiones y juicios distintos. 

Creo que sin proponérselo especialmente, Héctor nos condujo con una seguridad y autoridad propias de un guía profesional. Naturalmente, nacido y criado en ese lugar y sin carga, caminaba más rápido que nosotros. Pero tuvo el cuidado de respetar nuestras necesidades de descanso e hidratación. Nos enseñó a encontrar y seleccionar los piñones buenos para comer, que terminaron siendo un vicio. En las pausas, disfrutamos las vistas hacia la laguna El Barco, con el Callaqui de telón de fondo. Impresionante.

Día 14: “A medio camino de la cumbre del Copahue - arroyo de laguna El Barco”

A las 7.30 iniciamos el ascenso. Simple, de pendiente suave, por acarreos amables y un par de neveros, cruzamos por una extraña superficie de piedras planas colocadas ordenadamente, como una calle de adoquines. El cráter es precioso, por el lado Este un pequeño glaciar se descuelga formando un tobogán de hielo hasta una laguna al fondo. 

Al volver a casa de Héctor vivimos una de esas situaciones como para decir “pellízquenme, no lo creo”. En algún momento de la bajada, que se alargó pues intentamos otra ruta de vuelta que resultó más complicada, nos imaginamos con Juan Carlos el encontrarnos con un asado y unas cervezas. Pues resultó tal cual; nos encontramos con tres viejos completamente jugosos, que animados por un buen tinto “cartonier“ compartieron con nosotros más unos choripanes precisos para el hambre que teníamos en ese momento. De lujo. Agradecidos nos despedimos de ellos y de las hermanas de Héctor y partimos de vuelta hacia Chenqueco. Alcanzamos a llegar  unos 3 kms bajo la laguna El Barco y acampamos junto a un arroyo.

Día 15: “Arroyo cerca de laguna El Barco – Chenqueco al otro lado del río”
Tomamos de vuelta el camino corto, de 7 kms, claramente en mejor estado que el que usamos de ida. A las 15.30 estuvimos de regreso en Chenqueco, y al consultar por un lugar donde servirnos un plato de comida, nos enviaron donde la Sra. Urminia, quien le estaba dando techo y comida a una cuadrilla de trabajadores que trabajan en un puente. No imagino qué cara entre hambre y felicidad habremos colocado al oír la palabra “cazuela”, pero se apiadó de nosotros y por un mísera luca nos llenó el plato dos veces, con abundante pan sureño y ensalada. Quedamos felices y satisfechos. 

Calculamos al menos 8 días hasta el próximo lugar de aprovisionamiento en Malalcahuello, pues por delante teníamos el incierto paso por la Reserva Las  Nalcas Malalcahuello hasta la Laguna Blanca, con ascensiones al Lonquimay y Tolhuaca. Por esto, hicimos una larga parada de compra en el ECA y de distribución de la carga. A las 19.30 recién reiniciamos el pedaleo, prontamente  interrumpido pues se nos ocurrió que el puente peatonal sobre el río Bío Bío era un buen lugar para bajar el melón calameño que nos regalaron en el ECA.

Procuramos que ni siquiera una pepa cayera al río para así cumplir celosamente los principios de NO DEJE RASTRO. Con cazuelas y melones en nuestros estómagos, no fue fácil el arrastre de las cletas en el empinado sendero del otro lado, creo que no lo hubiera logrado si Juan Carlos al llegar arriba no se devuelve a ayudarme con la mía. Este tramo yo ya lo había hecho el año pasado en la versión 2007 de este  proyecto, por lo que sabía que a no más de una hora encontraríamos un buen sitio de campa junto a un estero, pero no me dio el pellejo y paramos apenas encontramos un plano.

Completamos la 1ª mitad del viaje. Y hasta ahora, hemos permanecido secos y abrigados, a pesar de cargar muy poco vestuario, lo que ha sido posible gracias a la calidad de éste (www.basicwear.cl). En la próxima edición de Pedalea se detallará la 3ª Parte de esta gran expedición por los volcanes del Sur de Chile.

 
Share on Myspace

LOS VIDEOS DE LA SEMANA

Así se vio desde arriba la espectacular "Cicletada 200" que se tomó las calles de Santiago la noche de este martes 7 de agosto.

Así fue el espectacular triunfo del kazajo Alexandre Vinoukourov en la prueba de Gran Fondo de los Juegos Olímpicos de Londres.

EL MUNDO EN DOS RUEDAS

REINA DEL OMNIUM. La británica Laura Trott posa en el podio con la medalla de oro, tras ganar en la omnium femenina de ciclismo en pista en los Juegos Olímpicos. (Foto: EFE).

MERECIDA CELEBRACION. Tras cumplir una temporada de ensueño, ganando un oro olímpico en Londres además del Tour de Francia, Bradley Wiggins publicó esta foto en su cuenta de twitter, bebiendo y celebrando en la catedral de St. Paul's. (Foto: Twitter)

Visitas online

Tenemos 14 invitados conectado(s)